

RECOMENDACIONES PARA EL USO DEL LENGUAJE INCLUSIVO
Desde el Consejo de Estudiantes de la Universidad de León hemos puesto a disposición de la Comunidad Universitaria una Guía de Buenas Prácticas en Comunicación Inclusiva. Aborda las buenas prácticas en comunicación inclusiva de los aspectos de género; identidad de género y orientación sexual; etnia; diversidad y discapacidad; clasismo y edadismo y diversidad generacional desde la comunicación verbal hasta la comunicación visual. En este apartado, se encuentra un resumen de las buenas prácticas. Al final, hay un enlace con el documento completo.
GÉNERO

Evita el falso genérico
En lugar de usar el masculino como norma, aprovecha la riqueza del castellano para englobar a todas las personas:
| Los estudiantes | El estudiantado |
| Los profesores | El profesorado |
| Los asistentes | Las personas asistentes |
| Los premiados | Las personas premiadas |
En el caso de usar la formulación “los” y “las” (Ej.: Los estudiantes y las estudiantes) se puede usar la formulación genérica para una amortización del lenguaje:
| Los estudiantes y las estudiantes | El estudiantado |
| Los profesores y las profesoras | El profesorado |
Para el fomento y la creación de referentes, visibilizar las mujeres en cargos puede contribuir a romper estereotipos.
La rectora
En el caso de convocatorias, el uso de la forma genérica puede afectar a la comprensión por el contexto social.
| Plaza de/para catedrático | Cátedra; Plaza para/de catedráticoo catedrática; Plaza de Cátedravacante |
| Puesto de técnico | Puesto vacante de personal técnico; Puesto de técnico/a |
Los títulos o certificados deben adecuarse al sexo e identidad de las personas según la Orden, de 22 de marzo de 1995, del Ministerio de Educación y Ciencia.
| Graduado | Graduado/Graduada |
| Licenciado | Licenciado/Licenciada |
| Profesor | Profesor/Profesora |
| Directores de área | Dirección de área |
| Decano o Director | Decanato o dirección; Decano/Decana o Director/Directora |
Para ver un listado de sustantivos inclusivos, leer el apartado Glosario inclusivo del ámbito universitario.

Modificación de la estructura de la frase
A veces, cambiar una sola palabra no es suficiente y es mejor reformular la oración:
> Usa formas impersonales o el “se” pasivo
“El usuario debe loguearse” – “Se debe iniciar sesión”
> Apela directamente al receptor (uso de la 2ª persona)
“El estudiante matriculado deberá…” – “Si te has matriculado, deberás…”
> Cambia el verbo por un infinitivo o gerundio
“Es necesario que los investigadores envíen…” – “Es necesario enviar…”

Uso del desdoblamiento
Cuando no sea posible emplear términos no sexuados, se puede usar los términos desdoblados.
“las plazas de catedráticos y catedráticas de universidad”
En cualquier caso, cuando a lo largo de un mismo texto se utilice la duplicidad, se recomienda alternar entre femenino y masculino, y viceversa.

Omisión de artículos
Cuando los sustantivos se usen de manera indistinta, se puede evitar el uso de artículos, siempre y cuando que las normas gramaticales lo permitan.
“los estudiantes y los docentes acudieron al acto” – “estudiantes y docentes acudieron al acto”
¡IMPORTANTE!
¡Recuerda! Las normas gramaticales implican la correcta redacción de un texto. Como espacios académicos, debemos regirnos por las reglas gramaticales por ello atiende a lo siguiente:
> Uso de morfemas no lingüísticos (“e”, “x”, “@”)
En vez de tod@s usa todos y todas u otras formas empleadas anteriormente.
> Abuso del desdoblamiento
Intenta no usar muchas veces el desdoblamiento comolos estudiantes y las estudiantes.
> Uso forzado de términos (“Palabras Frankenstein”)
En vez de mimebro y miembra, usa miembro.
IDENTIDAD DE GÉNERO Y ORIENTACIÓN SEXUAL
Utilizar un lenguaje neutro al dirigirse a colectivos o audiencias
En lugar de asumir el género de la asamblea o de un grupo de estudiantes con fórmulas tradicionales como “Bienvenidos a todos los alumnos”, opta por construcciones que incluyan a todo el mundo sin marcar género.
“Los delegados de cada clase deben…” – “Las personas que ejercen la delegación…” o “Quienes representen a cada clase…”
Evitar dar por sentada la heterosexualidad (Heteronormatividad)
Al hablar de relaciones, conciliación o eventos sociales, no asumas que las parejas de los estudiantes son del sexo opuesto. Usa términos amplios y abiertos.
“”Podéis venir acompañados de vuestras novias o novios” – “Podéis venir con vuestras parejas o acompañantes”.
Respetar y preguntar los pronombres si es necesario
En reuniones de trabajo, comisiones o jornadas de bienvenida, es una excelente práctica normalizar la presentación con pronombres (él, ella, elle). Si tienes dudas sobre cómo dirigirte a alguien, pregunta con naturalidad y respeto en privado, o propicia que cada persona lo indique voluntariamente.
RECUERDA Hay que saber leer las situaciones. Hay personas que están aún en un proceso de autopercepción y es por ello que pueda no querer expresar sus pronombres. Nunca juzgamos, siempre acompañamos.
Usar términos que incluyan la diversidad familiar
La comunidad universitaria es diversa y las estructuras familiares también. Al hablar de becas, trámites administrativos o situaciones familiares, utiliza conceptos genéricos.
“El justificante firmado por tu padre o tu madre” – “El justificante de tus progenitores, tutores legales o de tu entorno familiar”.
Desvincular los roles y las funciones del género
A menudo se asignan inconscientemente géneros a ciertos cargos o tareas de representación. Es importante utilizar fórmulas que se refieran al cargo institucional y no a la persona que tradicionalmente lo ha ocupado.
“”El Rector”, “Los secretarios”, “El decano”. – “”El Rectorado”, “El equipo de secretaría”, “El Decanato” o “La persona que ocupe el decanato”.
No utilizar la orientación sexual o la identidad de género como adjetivos innecesarios
Evita mencionar la orientación sexual o la identidad de género de un estudiante o representante a menos que sea estrictamente relevante para el contexto de la conversación o el debate. Hacerlo sin motivo puede resultar estigmatizante o dar a entender que es una “excepción”.
“”El representante que es gay / la delegada trans dijo que…”. – “La representación de la Facultad de Ciencias dijo que…”
Evitar la patologización y usar terminología actualizada
El lenguaje evoluciona. Términos que antes se usaban de forma médica o común hoy resultan obsoletos o despectivos. Es vital usar los términos correctos acordados por los colectivos.
“”Homosexualismo” (sugiere enfermedad o ideología), “Cambiarse de sexo”. – “Orientación sexual / Homosexualidad”, “Transición de género” o “Proceso de reafirmación”
Utilizar el nombre sentido (Nombre social)
En la atención al estudiante, debates o turnos de palabra, dirígete siempre a las personas trans o no binarias por el nombre con el que se identifican, independientemente de lo que conste en su DNI o en las listas provisionales de la universidad (mientras se gestiona el cambio administrativo en la ULE). El “deadnaming” (llamar a alguien por su nombre anterior) invalida su identidad.
Desterrar chistes, comentarios jocosos o microagresiones
El humor no puede ser una excusa para perpetuar la discriminación. En los espacios de representación (consejos, asambleas, debates), las bromas basadas en estereotipos LGTBIQA+ o el uso de orientaciones sexuales como insulto descalificador deben ser erradicadas por completo.
Corregir con naturalidad y disculparse sin sobreactuar
Si durante una intervención verbal te equivocas de pronombre o utilizas un término inadecuado con un compañero o estudiante, lo ideal es corregir en el acto, pedir una disculpa breve y continuar con el discurso. Extenderse demasiado en la disculpa a menudo traslada la incomodidad a la persona afectada.
RECUERDA No tenemos por qué ser perfectos en esta materia. Si nos confundimos, pedimos discuplas, corregir en el acto y no magnificar el error. Somos personas, cuidémonos.
ETNIA
Evitar la “otredad” y la extranjerización automática
No asumas que una persona pertenece a otro país, no habla el idioma o está de intercambio solo por sus rasgos físicos, su color de piel o su nombre. Muchos estudiantes de minorías étnicas son nacidos o criados en León.
“”¿De dónde eres realmente?” o “Para ser de fuera, hablas muy bien el español”
ratar a todo el estudiantado como miembros de pleno derecho de la comunidad universitaria. Si el origen es relevante por un tema de movilidad estudiantil, se pregunta directamente por la matrícula de intercambio.
Utilizar los términos correctos elegidos por los propios colectivos
Es fundamental desterrar términos obsoletos, paternalistas o despectivos. En el contexto de España y de la Universidad de León, el respeto a comunidades históricas como el pueblo gitano o a las poblaciones migrantes y afrodescendientes empieza por la palabra.
“”Gitano” como insulto o adjetivo despectivo (ej. “vaya gitanada”), “De color”, “Negrito” – “Persona gitana / Pueblo gitano”, “Persona negra / Afrodescendiente”.
No utilizar la etnia como un adjetivo innecesario (Focalización)
Al igual que con la orientación sexual, evita mencionar el origen o la etnia de un estudiante o representante cuando no aporte nada al contexto de la conversación. Hacerlo transmite la idea de que lo “normal” es ser blanco y lo demás es la excepción.
“”Ayer hablé con el delegado árabe de la junta…” – “Ayer hablé con el delegado de la Facultad de…”
Erradicar expresiones y refranes del lenguaje cotidiano
El idioma castellano arrastra muchas frases hechas que tienen un origen racista o xenófobo. En el debate y la gestión estudiantil, es importante hacer un esfuerzo consciente por eliminarlas.
“Trabajar como un negro”, “Hacer una judiada”, “Cuento chino”, “Haber gato encerrado/moros en la costa”. – “Trabajar muchísimo”, “Una mala jugada / una traición”, “Un engaño”, “Haber peligro / sospechas”.
Evitar los estereotipos de “minoría modelo” o de vulnerabilidad
No caigas en el error de encasillar el rendimiento, las capacidades o las necesidades de los estudiantes según su etnia. Ni todas las personas de un origen son excelentes en matemáticas, ni todas las de otro origen están en riesgo de exclusión social o necesitan tutorías de apoyo.
Evalúa y habla de las necesidades de representación basándote en las demandas individuales o sectoriales reales del estudiantado, no en prejuicios culturales.
Cuidar la pronunciación de nombres no normativos
Hacer el esfuerzo de aprender y pronunciar correctamente los nombres y apellidos de origen no hispánico es una muestra básica de respeto e inclusión. Evita hacer chistes sobre la dificultad de un nombre o cambiárselo a alguien por comodidad (“el nombre españolizado”).
“Uff, tu nombre es imposible, ¿te puedo llamar Juan?” – “¿Podrías repetirme cómo se pronuncia correctamente tu nombre para no equivocarme al darte el turno de palabra?”
No caer en el “daltonismo racial” (Colorblindness)
Frases como “Yo no veo el color, solo veo personas” suelen decirse con buena intención, pero en la práctica invisibilizan el racismo estructural o las barreras específicas que sufren los estudiantes de minorías étnicas.
RECUERDA Reconocer que la diversidad étnica existe y que, a menudo, implica que ciertos estudiantes se enfrenten a dinámicas de discriminación específicas dentro y fuera del campus que el Consejo de Estudiantes debe atender.
Desvincular la nacionalidad de la condición administrativa
Cuando se hable de tasas universitarias, becas o burocracia en las asambleas, es vital utilizar los términos legales correctos sin estigmatizar. No todas las personas extranjeras están en la misma situación legal ni económica.
Hablar de “inmigrantes” de forma genérica para referirse a problemas con el visado. – Utilizar conceptos precisos como “Estudiantes internacionales”, “Estudiantes extracomunitarios” o “Personas en situación administrativa irregular”.
RECUERDA Las personas no somos legales o ilegales. Podemos estar en una situación regular o irregular.
Evitar el tono paternalista o el “salvador blanco”
Al defender los derechos de los estudiantes de minorías étnicas o proponer medidas de equidad, el Consejo debe actuar como un aliado y un altavoz, no como un “salvador”. El lenguaje verbal debe empoderar al estudiantado diverso, no situarlo en una posición de víctimas constantes sin agencia.
Utilizar fórmulas que inviten a la participación activa: “Queremos garantizar que los canales del Consejo estén abiertos para que las asociaciones de estudiantes diversos lideren estas iniciativas…”
Evitar los cumplidos con sesgo racial (Microagresiones)
A veces se intenta halagar a un estudiante utilizando comentarios que, en el fondo, denotan sorpresa ante su integración o su nivel educativo, lo cual resulta ofensivo.
“”Qué bien te expresas para haber nacido donde naciste” o “Me sorprende lo integrado que estás en la cultura universitaria”. – “Limitar los elogios al trabajo, la intervención o el rendimiento del estudiante, sin relacionarlo con su origen étnico.
RECUERDA La Universidad de León cuenta con estudiantes de procedencias muy diversas (tanto por programas internacionales como por la propia demografía de la provincia) y que la riqueza cultural debe ser vista como un activo académico, promoviendo la interculturalidad (el diálogo horizontal entre culturas) frente a la simple asimilación.
DISCAPACIDAD Y DIVERSIDAD
Anteponer siempre a la persona (Lenguaje de primera persona)
La discapacidad es una característica de la persona, no su identidad completa. En debates, asambleas o atención al público, evita usar la condición como un sustantivo o una etiqueta que define (y reduce) a alguien.
Desterrar el lenguaje condescendiente, heroico o de lástima
Evita tratar a los estudiantes con discapacidad como “víctimas” que sufren una tragedia, o por el contrario, como “héroes inspiradores” por el simple hecho de ir a la facultad o hacer un examen. Ambos enfoques los infantilizan y los separan de la normalidad del grupo.
“Sufre de parálisis”, “Está confinado a una silla de ruedas” o “Es un ejemplo de superación para todos los que nos quejamos por tonterías”. – “La actividad tiene un coste de 15 euros. Si alguien tiene dificultades para asumirlo, por favor, escribid al Consejo en privado y buscaremos una solución compartida”.
“Los discapacitados”, “Los ciegos”, “Un autista”, “Los de la ONCE”. – “Personas con discapacidad”, “Estudiantes con diversidad funcional”, “Una persona dentro del espectro autista”.
Erradicar el uso de condiciones médicas como insultos o metáforas despectivas
En el debate político y estudiantil, es común (pero muy destructivo) utilizar términos de la salud mental o de la discapacidad para descalificar argumentos de la mesa contraria o de la propia universidad.
Preguntar antes de ayudar y dirigirse directamente a la persona
Si ves a un estudiante con discapacidad en el campus, no des por hecho verbalmente lo que puede o no puede hacer, ni invadas su espacio sin permiso. Además, si va acompañado (por un intérprete de lengua de signos, un asistente o un perro guía), habla siempre mirando a la persona, nunca a su acompañante.
Dirigirte al intérprete diciendo “¿Él necesita el examen adaptado?” o empezar a empujar su silla de ruedas mientras dices “Ven, que yo te llevo”. – Dirigirte directamente a la persona: “¿Necesitas que te eche una mano con la puerta o prefieres hacerlo tú?” o “¿Cómo prefieres que organicemos el turno de palabra?”.
“Esta medida del Rectorado es una esquizofrenia”, “Parece que el decano es autista/sordo ante nuestras quejas” o “No seas disminuido”. – “Esta medida es contradictoria/absurda”, “El decano se muestra indiferente a nuestras quejas” o “No digas tonterías”.
Comunicar la accesibilidad de los eventos de forma proactiva
Cuando convoques una asamblea, una charla o una fiesta desde el Consejo, no esperes a que alguien tenga que preguntar si el espacio es accesible. Incluirlo de forma natural en los avisos verbales evita que estas personas sientan que son una “molestia” de última hora o un caso excepcional.
“La reunión del miércoles será en el Aula Magna porque cuenta con rampa, bucle magnético para personas con discapacidad auditiva y espacios reservados”. – “Perfecto, tramitamos tu solicitud de espacio o descanso regulado para la asamblea. Gracias por comentárnoslo”.
Validar y visibilizar las discapacidades invisibles u orgánicas
No todas las discapacidades son perceptibles a simple vista (como el dolor crónico, la fatiga crónica, enfermedades autoinmunes, fibromialgia, etc.). El lenguaje del Consejo debe ser respetuoso cuando un estudiante solicita apoyo o adaptaciones sin mostrar signos físicos evidentes.
Incorporar la perspectiva de la Neurodivergencia
El estudiantado con TDAH, dislexia, altas capacidades o autismo procesa la información de manera diferente. En la comunicación del Consejo, evita tachar de “despistados”, “lentos” o “raros” a quienes necesitan dinámicas de comunicación distintas.
“Es que nunca os enteráis de los plazos, estáis en las nubes”. – “Para asegurar que la información llega bien a todo el mundo, recordamos los plazos verbalmente, por escrito y con un esquema visual”.
“Pues no se te nota nada”, “Si puedes venir a las fiestas de la escuela, también puedes hacer el examen general”. – “Perfecto, tramitamos tu solicitud de espacio o descanso regulado para la asamblea. Gracias por comentárnoslo”.
Hablar de la salud mental sin tabúes ni frivolidad
La ansiedad, la depresión o los brotes psicóticos son realidades muy presentes en la comunidad universitaria. La comunicación verbal del Consejo debe tratar estos temas con rigor institucional, evitando tanto el tabú como la romantización o la banalización.
“Estoy súper depe hoy porque me ha salido mal la práctica” o “Tener ansiedad en época de exámenes es lo normal, a todos nos pasa, hay que aguantar”. –“Estoy triste/frustrado hoy…” y “Sabemos que la presión académica afecta a la salud mental; si estás desbordado, recuerda que la ULE tiene servicios de apoyo psicológico”.
Relajarse con las expresiones cotidianas del idioma
No te obsesiones ni te disculpes de forma exagerada si usas frases hechas que coinciden con la diversidad funcional de tu interlocutor. Las personas con discapacidad las usan con total normalidad y corregirse con torpeza solo crea distancia.
Hablar de “Adaptaciones” o “Ajustes”, nunca de “Privilegios” o “Ventajas”
Cuando un estudiante con discapacidad cuenta con más tiempo para un examen, un espacio libre de ruidos o el uso de un ordenador, la representación estudiantil debe defender verbalmente que se trata de una equiparación de oportunidades, no de un trato de favor.
“Qué suerte, te dan una hora más de examen”. – “Se ha aplicado la adaptación curricular correspondiente para garantizar la igualdad de condiciones en la evaluación”.
Está perfectamente bien decirle “¿Has visto el correo del Consejo?” a un estudiante ciego, o “¡Vamos corriendo a la junta!” a un usuario de silla de ruedas. Intentar cambiarlas por “¿Has oído el lector de pantalla?” resulta forzado e incómodo.
RECUERDA Garantizar la inclusión no es hacer un favor a los estudiantes con discapacidad; es cumplir con un derecho. El lenguaje verbal del Consejo debe reflejar este principio, tratando la diversidad funcional desde la autonomía, el respeto mutuo y la justicia social
CLASISMO
No asumir que todo el estudiantado dispone del mismo tiempo libre
En el Consejo es común quejarse verbalmente de la baja participación en protestas o comisiones. Sin embargo, culpar al estudiante por “falta de compromiso” invisibiliza que muchos pertenecen a la clase trabajadora y deben compaginar las clases con jornadas laborales o cuidados familiares para poder pagarse la carrera.
Eliminar la asunción de capacidad económica en actividades del Consejo
Al proponer verbalmente cenas de delegados, viajes, sudaderas de la facultad o tasas para eventos, nunca plantees el dinero como algo “insignificante” o que “todo el mundo tiene”. Para algunas personas, 15 o 20 euros marcan la diferencia en su presupuesto mensual.
“Son solo 15 euros para la cena, eso lo tiene cualquiera”. – “La actividad tiene un coste de 15 euros. Si alguien tiene dificultades para asumirlo, por favor, escribid al Consejo en privado y buscaremos una solución compartida”.
“El que no viene a las movilizaciones es porque no le importa la universidad”. – “Entendemos que muchas personas tienen horarios laborales; buscaremos formas de participación asíncronas o que se adapten a diferentes realidades”.
Evitar los tecnicismos excesivos o la jerga jurídica (Elitismo académico)
El uso deliberado de un lenguaje excesivamente enrevesado, lleno de burocracia universitaria innecesaria o latinismos en asambleas abiertas, funciona como una barrera clasista. Aleja e intimida a quienes no provienen de entornos con un alto capital cultural o académico. El Consejo debe ser accesible para todo el “estudiantado de a pie”.
Utilizar el “lenguaje de despacho” para marcar distancias o imponer autoridad en un debate. – Explicar las normativas de forma pedagógica y llana: “Para que nos entendamos, este artículo del reglamento de la ULE lo que viene a decir es que…”
Erradicar chistes o comentarios despectivos sobre las salidas laborales de las titulaciones
El clasismo académico a menudo se traduce en el desprecio verbal hacia ciertas carreras (tradicionalmente asociadas a menores salarios o menor “prestigio” social) frente a otras. Como Consejo que representa tanto al Campus de Vegazana como al de Ponferrada, el discurso debe valorar todas las ramas por igual.
“Estudias [X carrera], te vas a morir de hambre” o “Esos solo colorean, las ingenierías son las difíciles”. – Defender el valor social de todas las disciplinas (Humanidades, Ciencias Sociales, Ingenierías, Salud) sin utilizar el futuro nivel adquisitivo como baremo de valía.
Cuidar la condescendencia ante el lenguaje no normativo o los acentos
No todo el estudiantado se expresa en público con la misma fluidez o el mismo registro formal (especialmente quienes provienen de entornos con menor acceso a la educación cultural formal o del entorno rural de la provincia). Corregir públicamente los errores de dicción o el vocabulario de un estudiante es una práctica clasista y humillante.
Eliminar la asunción de capacidad económica en actividades del Consejo
Al dar avisos o explicar procesos, evita asumir que los padres de los estudiantes tienen estudios superiores y ya conocen cómo funciona la universidad (los créditos, las tasas, las convocatorias de examen). Esto es especialmente importante para quienes son la primera generación de su familia en llegar a la educación superior.
“”Como ya sabrán vuestros padres por su época universitaria…” – “Para quienes seáis la primera generación de vuestra familia en la universidad y no os suene este sistema, os explicamos paso a paso cómo funcionan las convocatorias…”
Centrarse siempre en el fondo de la queja o propuesta del estudiante, ignorando la forma o el registro lingüístico que utilice para expresarla.
El papel del Consejo de Estudiantes y de las delegaciones en su comunicación verbal debe ser el de garantizar que las demandas de este alumnado se traten desde la perspectiva de los derechos humanos y la igualdad de oportunidades, y nunca desde la caridad o el paternalismo.
EDADISMO
Evitar la infantilización de los estudiantes de los primeros cursos
Al dirigirse al estudiantado que acaba de entrar en la universidad (especialmente en las jornadas de bienvenida o debates de primer año), evita el uso de un lenguaje condescendiente que los trate como si siguieran en el colegio. Son miembros de pleno derecho de la comunidad universitaria.
Desterrar el lenguaje condescendiente, heroico o de lástima
En las asambleas, discursos de campaña o publicaciones verbales, evita dar por hecho que tu audiencia tiene entre 18 y 22 años. Utilizar expresiones que asumen que todo el mundo está en la misma etapa vital excluye a quienes han retomado los estudios más tarde.
“Todos los que estamos aquí salimos de fiesta los jueves” o “Nuestros padres nos pagan la matrícula”. –“Sabemos que la vida universitaria tiene muchas facetas…” o “Quienes tengáis que gestionar el pago de la matrícula…”
“A ver, chicos/niños, os explico cómo funciona esto para que no os perdáis”. – “Os damos la bienvenida a la universidad; como estudiantes de primer año, aquí tenéis las claves de la representación…”
Erradicar los comentarios condescendientes hacia el estudiantado mayor
Cuando una persona de más de 30, 40 o 60 años se matricula en una carrera de grado o participa en el Consejo, a menudo recibe comentarios verbales cargados de un paternalismo benévolo que, en el fondo, resulta excluyente.
No utilizar la edad como argumento para descalificar la capacidad de liderazgo
En los órganos de representación (como las juntas de facultad o el propio Consejo), la edad nunca debe usarse de forma verbal para cuestionar la madurez de alguien joven o la capacidad de adaptación de alguien mayor.
“”Es demasiado joven para ser el portavoz del Consejo, le falta experiencia” o “Esa delegada es demasiado mayor, no va a entender cómo nos comunicamos ahora por redes”. – “Tiene un perfil muy activo para la portavocía” o “Su experiencia aporta una perspectiva muy necesaria a la delegación”.
Eliminar expresiones que vinculen la edad con el desfase tecnológico
Es habitual bromear verbalmente sobre la tecnología y la edad, pero esto genera barreras en la comunicación grupal y asume prejuicios que muchas veces no se cumplen.
“A ver si los más mayores os enteráis de cómo se usa el Campus Virtual” o “Seguro que los de primero solo sabéis usar TikTok”. – “Si alguien tiene dudas sobre el funcionamiento de las plataformas de votación o del Campus Virtual, el Consejo está disponible para resolverlas”.
“Qué valiente eres por estudiar a tu edad” o “Me hace mucha gracia tener a un señor mayor en clase, es como el padre del grupo”. – Tratar a la persona como a cualquier otra compañera o compañero de clase, valorando sus intervenciones por su contenido académico, no por los años que tenga.
Dignificar los ritmos de aprendizaje y las trayectorias académicas
El discurso meritocrático que exige verbalmente terminar la carrera “año por año” es una forma de edadismo. Hay estudiantes que, por conciliación laboral, familiar o por salud, tardan más años en graduarse. El Consejo debe validar todas las trayectorias.
Evitar el uso de “joven” como sinónimo automático de inexperiencia o irresponsabilidad
En las negociaciones con el Rectorado, el profesorado o el equipo decanal, a menudo se utiliza de forma verbal un tono condescendiente hacia la representación estudiantil por su juventud. El propio Consejo no debe replicar este lenguaje internamente con los representantes noveles.
“Eres muy nuevo/joven, deja que los veteranos hablemos con el Decano porque a ti no te van a tomar en serio”. – “Como es tu primera negociación, si quieres te acompañamos para que veas la dinámica, pero tu voz como representante es igual de válida que la nuestra”.
“Lleva 8 años en la carrera, está perdiendo el tiempo” o “Se te está pasando el arroz para terminar el grado”. – “Cada persona tiene sus propios ritmos y circunstancias para completar sus estudios, y todas las realidades son válidas”.
No asumir que el estudiantado senior no tiene interés en la vida universitaria
Existe el prejuicio verbal de que los estudiantes mayores de 30 o 40 años “solo vienen a clase y se van a su casa”, asumiendo que no les interesan las actividades culturales, las asambleas o la propia representación estudiantil. Esto autolimitación del Consejo impide que perfiles muy válidos se involucren.
“No le digas nada de la asamblea a la compañera mayor, total, con su vida no va a querer meterse en estos líos”.. – “Vamos a difundir la convocatoria de la asamblea en todos los turnos y grupos, asegurándonos de que llegue también a las personas con perfiles de matriculación no tradicionales”.
Desterrar expresiones que presionan verbalmente sobre la “edad ideal” para el mercado laboral
En charlas de orientación o debates sobre salidas profesionales organizados por el Consejo, es frecuente escuchar comentarios angustiantes sobre la edad límite para encontrar trabajo. El lenguaje verbal debe enfocarse en poner en valor las competencias y la formación continua.
“Tenéis que espabilar con las prácticas porque las empresas buscan menores de 25 años y si no, os quedáis fuera”. – Tratar a la persona como a cualquier otra compañera o compañero de clase, valorando sus intervenciones por su contenido académico, no por los años que tenga.
Normalizar el trato horizontal en los órganos de representación mixtos
Cuando en una comisión del Consejo o en una junta de facultad coinciden estudiantes de grados combinados, másteres o programas de mayores, el lenguaje verbal debe romper las jerarquías basadas en los años de experiencia vital o académica. El voto y la palabra de un estudiante de 18 años vale exactamente lo mismo que el de uno de 50
Cuando en una comisión del Consejo o en una junta de facultad coinciden estudiantes de grados combinados, másteres o programas de mayores, el lenguaje verbal debe romper las jerarquías basadas en los años de experiencia vital o académica. El voto y la palabra de un estudiante de 18 años vale exactamente lo mismo que el de uno de 50.
RECUERDA La Universidad de León es un espacio de encuentro intergeneracional. El lenguaje verbal del Consejo de Estudiantes debe garantizar que la edad nunca sea un factor que determine la valía, el respeto o la capacidad de participación de una persona en la vida universitaria.
GLOSARIO DE TÉRMINOS




PLAN DE IGUALDAD DE LA UNIVERSIDAD DE LEÓN (2022)

PROTOCOLO DE PREVENCIÓN Y ACTUACIÓN CONTRA EL ACOSO SEXUAL Y/O POR RAZÓN DE SEXO (2023)

CONTACTOS IMPORTANTES
Aritz Amor Moreno
Vicepresidente Primero de Relaciones Internas, Acción Cultural y Proyección Social (igualdad) del Consejo de Estudiantes
